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sábado, 9 de junio de 2012

La red, (1953)


La red


Director: Emilio Fernández
Idioma: Español con subtítulos incrustados en francés
País: México
Género: Drama
Tiempo: 77 minutos

Elenco: Rossana Podestà, Crox Alvarado, Armando Silvestre...


Sinopsis:

La historia entre una mujer y dos hombres a solas con sus pasiones en una playa pérdida.

La Red y Rossana Podestá

 Escrito por on dic 7th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Cine Mexicano, Melodrama. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia
El lector José Refugio Rodríguez Villaseñor residente en el estado de Colima, donde Emilio “Indio” Fernández filmo en 1953, en el lugar conocido como Cuyutlán, su famosa cinta “La Red” que elevó al estrellato a esa belleza italiana que responde al nombre de Rossana Podestá, nos ha solicitado mayor información respecto a este film.
Antes que nada cabe recordar que “La Red” es ante todo un poema al deseo amoroso, contado en imágenes, a través de una endeble trama argumental, debida al propio Emilio “Indio” Fernández con la colaboración de Neftalí Beltrán, en la cual la base de todo esta en el gran trabajo de cámara del canadiense Alex Phillips y la rebosante sensualidad juvenil de Rossana Podestá.

El crítico Andre Bazin publicó en “L’Observateur” del 19 de noviembre de 1953, un amplio artículo sobre “La Red”, que después incluyó en su libro “¿Qué es el Cine” y de donde lo tomamos para reproducirlo: “Yo no fui el único que se sintió aturdido por el premio que obtuvo ‘La Red’ en el último Festival de Cannes. Me parecía que el jurado se había dejado cazar en una trampa bien grosera o, todavía mejor, que no se había dado cuenta exactamente de lo que consagraba como el film ‘mejor contado por la imagen’. Pero no estoy lejos de aceptar, con el paso del tiempo, que ‘La Red’ merecía señalarse a la atención del público a condición de que se hiciera con un cierto humor del que yo no estoy seguro de que Emilio Fernández carezca por completo. En todo caso comprendo que Abel Gance haya llorado de emoción. En los tiempos grandiosos de sus delirios más desatados, no se hubiera atrevido a soñar con tal despliegue de símbolos; de un reinado tan deliberadamente elemental de la imagen a despecho de los rodeos psicológicos de la intriga”.
red11.jpg“Porque ‘La Red’ es sin duda lo que se ha hecho de más audaz en un cierto género servido por un cierto estilo. Del guión se dice todo con esto: un bandido vive en paz, en la orilla de una playa perdida, con una mujer cuya belleza justifica, más que la policía, la búsqueda de la soledad. Llega un segundo bandido, antiguo compañero de trabajo, que el primero acogerá por camaradería, a pesar de los riesgos que crea su presencia. Pero dos hombres fuertes y bien parecidos y una mujer deseable no podrían vivir largo tiempo en buena armonía en un desierto. Llegará lo inevitable: morirá todo el mundo. Esta elemental intriga que no da pie para ninguna desviación y cuyo desarrollo sin sorpresas se prevé a partir de los diez primeros minutos de la película, no pretende sostenerse más que por el contenido de la imagen. Contenido que hace falta definir, y por lo que me excuso de antemano de las palabras que tendré que emplear para ‘desimbolizarlo’. De hecho, la verdadera sustancia del film es la exposición del deseo recíproco e insatisfecho de un hombre y de una mujer; pero este deseo está muy lejos de mantenerse en un terreno platónico; cada uno desea al otro y goza viendo al otro desearle y, a falta de algo mejor, se entrega en su presencia a una enérgica masturbación por símbolos interpuestos. No se crea que yo me dedico aquí a una de esas exégesis freudianas que permiten descubrir los principios sexuales de los signos más alejados e inocentes. Las imágenes en cuestión hablan con perfecta claridad sin recurrir al psicoanálisis, y, sin duda, Emilio Fernández ha escogido de manera consciente los elementos y ha dirigido los actores. La primera vez, el pretexto lo proporciona una colada a la orilla de un regato. Rossana Podestá, para probar su ternura a su compañero, le lava su camisa; y lo hace en una tal postura, subrayada insistentemente por el encuadre, que resulta imposible no comprender. Pero la acción recíproca es evidentemente más espectacular. La muchacha degustando la leche de un enorme coco, contempla al hombre de sus deseos que machaca maíz en un inmenso mortero con un enorme almirez. Todo resulta tan claro y está subrayado con tanta calma; las escenas duran tanto tiempo, que el simbolismo del objeto y del gesto acaban por reencontrar una especie de inocencia y casi de castidad, como ciertas danzas cuyo simbolismo, después de todo, es igualmente preciso aunque se admita como una convención casi abstracta”.
red2.jpg“Lo que apenas permite creer en la ingenuidad o en la inocencia, aunque fuese parcial, del autor, es, en primer lugar, el prólogo, resuelto con el más puro estilo de los films de gangsters americanos, con su ritmo trepidante y una notable habilidad, se trata de presentarnos a los dos bandidos y explicarnos cómo se han separado después del pillaje a un banco y porque se convino que volverían a encontrarse. Pasa más cosas en esos dos o tres minutos del prólogo que durante el resto del film, y es probable que Fernández haya querido permitirse el lujo de probar que era capaz de dejarnos sin aliento según la mejor tradición de Hollywood antes de imponernos su interminable encantamiento erótico”.
“El estilo fotográfico, aunque el operador no sea Figueroa, es de una insistencia plástica que concuerda perfectamente con la acción. Finalmente, la elección y la dirección de los actores supone también una conciencia del efecto buscado. Es exacto que antes de la presentación del film Rossana Podestá había pasado inadvertida, ‘La Red’ la ha convertido de pronto en uno de los más decisivos acontecimientos del ‘sex-appeal’ cinematográfico de estos últimos años, lo que ya da una idea bastante elevada de su director”.
“Por todo ello me siento incapaz de decidir si ‘La Red’ es un gran film o una broma pesada. En cualquier caso se trata de una de las empresas más monstruosamente barrocas del cine de la posguerra y que demuestra un talento poco ordinario. El cine mexicano, dejando Buñuel a un lado, quizá no ha dicho todavía su última palabra”, concluía con este párrafo Bazin su comentario, muy dentro del prejuicio europeo de que sólo lo que realizaba en México, en esos años, el aragonés Buñuel tenía validez, en lo cual era secundado por varios de los que hacían crítica en esos años en México.

rossanna-podesta-3.jpgPor su parte Emilio García Riera en su libro “Historia Documental del Cine Mexicano” Tomo 5, correspondiente a la primera edición, nos comenta: “La Red’, melodrama de pasiones tormentosas a simple vista muy ridiculizable, tiene el mérito de descubrirnos al ‘Indio’ Fernández de cuerpo entero, despojado incluso de sus prestigios folklóricos y nacionalistas. Como todas las películas de su tipo –eso es: las que hacen vivir unos pocos personajes en un micocosmos solitario y autosuficiente- ‘La Red’ nos remite al mito bíblico del paraíso, a la historia de Adán y Eva. Ella, Rossana Podestá, es un ser neutro, sin psicología, cuya función específica es la de objetivar el deseo masculino: con su rotundo cuerpo de escultura clásica, sus bellos pechos apenas contenidos por una delgada blusa que al mojarse deja transparentar claramente los pezones, su mirada siempre sensual, su inocencia animal, parece desear únicamente que las circunstancias le aclaren cuál es el Adán que le corresponde Y es que sus dos adanes son idénticos: musculosos, lacónicos, aptos para la vida primitiva, fácilmente excitables y violentos. Aunque a Crox Alvardo le toca apurar los tragos más amargos, quejarse de que dejó que hicieran preso a su mejor amigo para irse en busca de la hembra y, después, ahogar sus penas bebiendo en una cantinucha, arrullado por la melancólica guitarra de Bribiesca (alguien lo invita ahí a que no esté solo y ‘sufra junto con los demas’), lo cierto es que todo pudo pasar al revés , y que se supone que Silvestre habría actuado exactamente igual que su amigo de haber sido las cosas de otra forma. Así, lo que el ‘Indio’ Fernández viene a decirnos es que la felicidad, para él, consiste, muy en consonancia con su espíritu religioso, en vivir en algo así como un paraíso primitivo y solitario con una mujer y un buen amigo idéntico a uno mismo sin necesidad de hablar; lo único malo de esa situación ideal es que la mujer no podrá ser fiel a uno o a otro, que el otro deseará a la mujer de uno y que todo eso traerá consigo las molestias de la comunicación, el reconocimiento de la otredad. Como nadie quiere pasar esas molestias, la violencia se hará inevitable y, con ella, la destrucción del paraíso y de sus habitantes. Como buen católico, Fernández sueña en el paraíso, en la pareja original, y se duele de la aparición de un tercero que el que echa todo a perder. Lo contradictorio del asunto es que el tercero es tan necesario como la mujer, ya que es el buena migo –el semejante- sin el que ningún hombre puede vivir. Esa contradicción expresa, en última instancia, el conflicto del hombre que se duele de haber dejado de ser niño y que, al mismo tiempo, no puede desconocer las necesidades que trae aparejadas la madurez. Dicho en otras palabras: la posesión de la mujer es siempre excluyente, y el drama es que lo excluye en la posibilidad de un contacto con el mundo –con el otro- tan deseado como la misma mujer”.
red4.jpg“Cuando la Podestá y Silvestre –continúa García Riera- comprenden que se desean demasiado –y lo comprenden, en el fondo por el temor que ha despertado en Alvarado la presencia del amigo- tratan de refugiarse en los gestos solitarios por los que el niño también intenta su autosatisfacción; o sea se masturban. La crítica europea advirtió asombrada –no esperaba eso de Fernández- cómo se reiteraba en la cinta el tema de la masturbación: Podestá frotaba rítmicamente la ropa de Silvestre para lavarla sosteniendo el balde entre sus piernas desnudas; después, Silvestre molía unos granos dando golpes también rítmicos que ponían en juego su musculatura ante la deseosa mirada de la heroína. A lo largo de toda la película podían descubrirse constantemente símbolos, entre los cuales el del oleaje como representación de la pasión contra la que los hombres luchan infructuosamente era el más obvio. La virtuosa fotografía de Alex Philips contribuía a dar una aura pretendidamente sensual al cielo, a la playa, a la red simbólica del título, al coco cuyo contenido bebían con fruición Silvestre y Podestá, al agua sobre todo (naturalmente), pero nada menos libre que esa sensualidad: la presencia del ‘tercero’ (que podía ser también el director o el público mismo; en fin el ‘otro’) teñía todo de vergüenza, o sea, de pecado. El impulso erótico merecía castigo por el simple hecho de ‘dejarse ver’, de trascender el mundo secreto de la primera pareja. Por eso, en ese universo que simulaba la libertad, con su escenario natural tan propicio y su hembra suculenta siempre disponible, Fernández se descubría más preso que nunca por sus prejuicios cristianos, y de ahí ese miedo a la palabra, a la comunicación vista como contaminación pecadora. De ahí también que la película –muy morosa, como es fácil deducir por todo lo dicho- pareciera dar cuenta en definitiva de una suerte de movimiento reiterado y vicioso sin salida posible. Por eso, Fernández logró, aun sin proponérselo claramente, expresar su concepción del mundo a través de la paradoja gigantesca en que su película se convertía: la libertad aparente del paraíso, su apertura al infinito, no descubre sino la esclavitud de sus pobladores”.
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En el mismo apartado que dedica Emilio García Riera a “La Red”, se consignan una serie de acercamientos, mas o menos coincidentes, con lo aseverado por Bazin y García Riera en torno al film, a los cuales les remitimos, si es que quieren ampliar su acercamiento a esta obra del ‘Indio’ Fernández, la cual, aún aceptando su ingenuidad y posible ridiculez, es innegable que la fuerza de la sola presencia sensual de una belleza como Rossana Podestá, hace interesante su visión, 







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